Soñando Despiertos


El capitalismo salvaje, la globalización, el posthumanismo son fenómenos que han puesto en crisis el concepto de sociedad, fundamentalmente en los idearios vinculados a lo colectivo y a los derechos de igualdad. Con el país sumido en continuas crisis económicas, sociales y políticas que han profundizado la exclusión, la desigualdad y la fragmentación social, sin dudas uno de los sectores más perjudicados ha sido el de la juventud. Las transformaciones estructurales y el debilitamiento de los mecanismos de protección social no hacen más que generar tensiones y contradicciones en los procesos de búsqueda de sentido a su existencia, lo que la ha llevado a quedar expuesta a múltiples situaciones de violencia, no sólo material sino también simbólica, algo que se observa con las diversas formas de discriminación y de estigmatización por el sólo hecho de “ser joven”. Esa mirada subjetiva sobre los jóvenes no sólo despierta sensaciones y emociones en quienes interactúan con ellos (incluso entre sus pares), sino también tiene un impacto en su propia personalidad ya que, muchas veces, perciben como imposible transformar ese estereotipo.

A los jóvenes suele calificárselos desde dos discursos emblemáticos: como “futuro de la sociedad” o como “problema social”. Mientras sus conductas, manifestaciones y expresiones se ajusten al orden establecido y al modelo de juventud que el sistema les tiene asignado, ellos representan “el futuro” de la sociedad. En cambio, si sus conductas entran en conflicto con dicho orden ya no encarnan el porvenir sino que devienen en un “problema”. Esta diferenciación que aparentemente responde a los distintos comportamientos de los jóvenes lleva implícito un juicio de clase. Así, es frecuente escuchar frases como “se paran en la esquina a drogarse”; “no hacen nada, están todo el día con el celular”; “seguro no terminaron la secundaria”; “los ves ahí sentados, pero en cualquier momento sacan un fierro y te roban”; o “esa piba parece tan buenita pero se comió a medio barrio y ahora parece que está embarazada”. Todas miradas descalificatorias acerca de qué es ser hoy adolescente. Los adultos ven poco futuro en los jóvenes, el adolescente está catalogado como un vago. Es moneda corriente escuchar a personas que dicen: “en mis tiempos, a los 18 años te mandaban a la colimba para que te eduques; hoy, a los pendejos les decís eso y te sacan cagando. No tienen futuro, no hacen nada”.

Por otro lado, es curioso observar que los jóvenes, a pesar de ser tan criticados, también son muy valorizados. Lo son, por ejemplo, por los punteros políticos, que les ofrecen una suma de dinero por participar de tal o cual actividad, así como también por la policía, que muchas veces los manda a robar para después quedarse con un gran porcentaje, o los vendedores de drogas, que usan a los adolescentes como “soldaditos” y también las redes de trata, que están al acecho de las adolescentes. En este contexto, para la sociedad “bien pensante”, la juventud aparece como un problema social. Ciertos jóvenes, fundamentalmente varones y de bajos recursos económicos, son presentados como problemáticos. Los adolescentes hoy en día tienen que cargar con un gran peso: ser mirados descalificativamente por un sector de la sociedad, como también ser usados para actividades nefastas. Esto sin mencionar la violencia que reciben a diario por parte de las fuerzas policiales en los barrios carenciados. En todo este marco se inscribe hoy en día la vida de un adolescente.

Entonces… ¿por qué un centro cultural? La respuesta a esta pregunta la encontraron los jóvenes compañeros de Izquierda Latinoamericana que construyeron “Soñando despiertos” en Lomas de Zamora: para darle un lugar a los chicos que no sea la calle; para sumar jóvenes que vayan a cambiar al barrio; para crear un espacio donde se pueda enseñar artes; para mostrarles a los chicos otra mirada acerca del barrio y también ayudarlos para que no anden en “cosas raras”; para generar un espacio de posibilidades y de diálogo para que encuentren un sentido social a sus vidas y se sientan incluidos en una sociedad que no les tema o los vea como una amenaza. En el barrio 2 de Abril jamás hubo un centro cultural, y entonces, en julio de 2016, un grupo de jóvenes de 17, 18, 20 años que en su mayoría estaban terminando la secundaria, decidieron crear este espacio con el fin de darle otra mirada, otra oportunidad al barrio. Con la certeza de que es necesario romper esa imagen de desconfianza que se viene construyendo hace años sobre los jóvenes, con la convicción de que hay que refutar los estigmas que recaen sobre sus espaldas, con la esperanza de poder desentrañar la trama emocional sobre la cual se sustentan los discursos que los acusan y descalifican fue que nació “Soñando despiertos”.

En un contexto actual en el que prima la desconfianza se hace verdaderamente complicado confiar, y mucho más cuando los medios de comunicación promueven imágenes que moldean, en parte, el modo de sentir “de” y “hacia” los jóvenes. Por eso es necesario volver a pensar el lugar que tienen hoy en día los jóvenes, trocar los prejuicios por confianza hacia ellos. Parece algo sencillo pero no es tan fácil. Los grandes cambios siempre fueron ejecutados por personas maravillosas, pero detrás de cada una de ellas se encontraba un gran grupo revolucionario; detrás de cada sujeto que formaba este grupo revolucionario estaba la confianza como el gran motor de cambio. Los jóvenes, hoy en día, carecen de esa confianza, viven en un mundo compuesto por la inmediatez, en asumir que no existe el mañana. Como organización social, Izquierda Latinoamericana se propuso -a través del centro cultural- ir tras esa población, llegar a ellos y decirles “confío en vos”, “creo en vos”, “vas a lograr todo lo que te propongas”. La confianza en uno mismo es el gran motor del cambio, y “Soñando despiertos” es el lugar de encuentro, de comunicación, de socialización de esa confianza.

Asimismo, con la convicción de que la cultura alcanza un nivel superior si se manifiesta en compañía de otros, si hay un lugar donde la habilidad y la inquietud individual puedan comunicarse a otras personas, es que se fundó “Soñando despiertos”. La cultura es una herramienta fundamental para la transformación personal y social, porque revierte el proceso de fragmentación para convertirlo en uno de inclusión social y de solidaridad. Por eso el propósito es generar procesos culturales creativos, participativos, recreativos y también placenteros. “La cultura es el ejercicio profundo de la identidad” decía Julio Cortázar, y con ese espíritu es que vino al mundo el centro cultural “Soñando despiertos”.