Construyendo Caminos


La crisis social que azota a América Latina desde la década de los ’90 a raíz de los cambios producidos en el sistema capitalista cuando entró en la etapa de la globalización, tuvo su mayor impacto en los países más ricos en recursos naturales de la región. La Argentina es uno de ellos, y la aplicación de las políticas llamadas neoliberales -que trajeron aparejadas la privatización de las empresas nacionales y el manejo de esos recursos por empresas multinacionales- implicó grandes cambios en el conjunto de su población. El aumento considerable de los índices de desocupación y de la situación de pobreza e indigencia fue el agente causal del surgimiento de nuevas formas de enfrentar al sistema. Así, sumados a los antecedentes en materia de luchas por lograr grandes cambios sociales provenientes de las generaciones anteriores que participaron en ellas durante la década de los ’70, fueron conformándose nuevos movimientos sociales que se convirtieron rápidamente en actores relevantes de la política nacional. La eclosión de organizaciones de desocupados fue una expresión social abordada por las ciencias sociales debido a sus novedosos métodos de protesta: las demandas sociales ya no sólo se protagonizaban en las fábricas, ahora se las organizaba en las calles a través de “puebladas” con cortes de calles, caminos y rutas mediante piquetes.

El nacimiento y desarrollo en todo el país de estas organizaciones significó indudablemente que había aparecido un nuevo actor político con un importante poder de movilización y una significativa relevancia dentro de la escena política argentina. Para intentar contener y contrarrestar a ese nuevo actor político y apaciguar de algún modo su trascendencia, desde los sucesivos gobiernos nacionales se implementó la entrega de subsidios y planes sociales para los desempleados. Indudablemente esta “ayuda social” sólo significó un paliativo para los sectores más marginales y desfavorecidos, y la gran crisis social, entre muchas otras cosas, tuvo un enorme impacto en el sistema educativo, el que se tradujo en un proceso cada vez mayor de exclusión de los potenciales estudiantes. Serían justamente los integrantes de estos novedosos actores políticos quienes impulsarían el establecimiento de los bachilleratos populares como un intento de dar respuestas a esa problemática, luchando por abrir sus actividades a la comunidad y por la necesidad de legitimar sus prácticas, una lucha que, también, se extiende hasta nuestros días.

Izquierda Latinoamericana es una organización que nació al calor de esas luchas, y desde un principio fijó entre sus objetivos inmediatos no sólo la instalación de comedores y merenderos y la creación de cooperativas de trabajo, sino que también centró su accionar en la educación, partiendo de la certeza acerca de la importancia que ésta tiene como herramienta para movilizar y organizar a las clases populares con el fin de lograr que en un futuro no lejano pueda concretarse lo que hoy parece imposible: el cambio social. Por esa razón se fijó como objetivo primordial la creación de un espacio educativo orientado hacia los jóvenes y adultos que no pudieron completar sus estudios por múltiples y diferentes razones casi invariablemente ligadas a su situación de adversidad. Así, partiendo de la experiencia y la colaboración de otros bachilleratos que aportaron generosamente no sólo sus vivencias sino también docentes, se creó a principios de 2017 el Bachillerato Popular Construyendo Caminos, un espacio en el que se promueve la comprensión de los problemas y necesidades de nuestra comunidad y la búsqueda de las herramientas adecuadas para responder activa y críticamente a esas dificultades y poder resolverlas.

Uno de los rasgos más característicos de los bachilleratos populares es la autogestión. En efecto, Izquierda Latinoamericana no sólo se encarga de brindar la infraestructura necesaria para poder llevar a cabo esas iniciativas, sino, también, de coordinar y elaborar junto con las compañeras y compañeros educadores independientes y los propios estudiantes toda la política a desarrollar en el espacio, desde los programas y los contenidos de las materias que se estudiarán a lo largo de la cursada hasta los criterios de evaluación y presentismo. Los educadores son responsables de “coordinar” las materias, aspecto característico que se contrapone a la educación tradicional donde el docente sólo “dicta” la asignatura. En ese sentido, toma dimensión a la hora de elaborar las clases la idea de lo colectivo. Cada materia está a cargo de por lo menos dos educadores que se constituyen como pareja pedagógica y su tarea consiste principalmente en que haya un trabajo colectivo, una mirada más plural también desde la docencia. La idea es que no haya espacios individuales de producción sino que, tanto las asambleas de estudiantes y docentes, las reuniones del equipo docente y el dictado de las materias mismas, sean desde un punto de vista colectivo.

Este enfoque demandó que el conjunto de educadores se abocase a la innovación de los procesos de enseñanza. Para lograr este propósito se revisan, actualizan y proponen contenidos, materiales y métodos; se impulsan prácticas educativas que conjugan los conocimientos, las actitudes y los valores; se busca favorecer las actividades de investigación, el trabajo colaborativo, la resolución de problemas y la elaboración de proyectos sociales. En la creación de estos escenarios de enseñanza y aprendizaje, las parejas pedagógicas consideran el contexto sociocultural de los estudiantes, dinamizan los programas de estudio y fomentan su pensamiento crítico para que sean capaces de proponer soluciones y tomar decisiones ante la cada vez mayor inequidad distributiva de la riqueza, un proceso que condiciona su calidad de vida y determina su futuro.

De esta manera, Construyendo Caminos se propone encarar la tarea formativa desde un aspecto básico, uno específico y otro funcional. El componente de formación básica tiene como propósito ofrecer una formación general socio-política para que los estudiantes puedan intervenir activamente en la transformación de la realidad de su barrio, transformando así su propia realidad. Por su parte, el componente de formación específica incluye las materias que le permitan desarrollar su potencial en alguna disciplina tanto para ser ampliado en instituciones de educación terciaria como para ser aplicado profesionalmente. Y el componente funcional de formación en oficios tiene como objetivo favorecer la aplicación de procedimientos, técnicas e instrumentos propios de una actividad relacionada con sus intereses laborales. Esto último aún está pendiente y será uno de los desafíos para el año próximo: encontrar compañeras y compañeros que quieran sumarse al bachillerato para trasmitir sus conocimientos en oficios. Todos y cada uno de estos componentes se proponen además como el camino hacia una verdadera toma de consciencia sobre la problemática tanto personal como comunal y la adopción de actitudes de responsabilidad social.

La teoría de la educación popular establece que esta propuesta educativa es la herramienta para movilizar y organizar a las clases populares con vistas a la creación de un poder popular. En ese sentido, los bachilleratos populares constituyen un instrumento esencial para alcanzar dicho objetivo. Ya con su sola existencia y en su propia práctica han puesto de manifiesto los avances de neoliberalismo y la mercantilización de la educación, así como la transferencia de recursos por parte del Estado a verdaderas empresas educativas privadas sumados a los sucesivos ajustes realizados a sectores del sistema educativo estatal. Por eso “tomar la educación en nuestras manos” fue, es y será la consigna elegida por Izquierda Latinoamericana para dar cuenta del protagonismo de un innovador movimiento pedagógico, democrático y popular que aspira a construir otra escuela posible luego de que la tormenta neoliberal cubriera con exclusión y pobreza a casi la totalidad del continente latinoamericano. La educación popular por sí sola no implica la supresión de la opresión, pero su importancia radica en su condición de herramienta mediante la cual, en una verdadera solidaridad y compromiso con las clases populares, lleguemos a constituirnos como sujetos, actores y protagonistas de la historia para elaborar un proyecto superador para todos, para emprender juntos la construcción de una nueva sociedad de hombres y mujeres libres.